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Mostrando las entradas de 2018

Nicolás García Sáez

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ACTO PRIMERO
00:00 /1 am


Yo: Hola…
Álter Ego: (Silencio, no contesta.)
Súper Yo: (Silencio, no contesta.)

Transcurren diez segundos. Lo único que se escucha es la respiración, por ahora tranquila, del hombre sentado en el sillón.

Yo: ¡Hola! (Levantando un poco la voz, girando la cabeza hacia un lado y otro.)
Álter Ego: (Silencio, no contesta.)
Súper Yo: (Silencio, no contesta.)

Se hace otro silencio, pero esta vez de quince segundos. La respiración del hombre se acelera un poco. Piensa por enésima vez en su perro, viejo y enfermo, que se suicidó hace dos días, arrojándose desde el balcón de su vivienda, ubicada en un octavo piso.

Yo: ¡Hola! (Dice, esta vez casi con un grito, el personaje principal —y el único— que se puede contemplar en la escena.)
Álter Ego: (Silencio, no contesta.)
Súper Yo: (Silencio, no contesta.)

Se hace el tercer silencio, que dura veinte segundos. La respiración del personaje principal es un tanto agitada. De este modo vuelve a sentir su enorme soledad dentro d…

Agustín Espinosa / Renacido

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Entrevista al músico y compositor argentino Agustín Espinosa

Por Alejandra Pultrone


AP: Se suele decir que toda historia tiene un comienzo. ¿Qué podrías contarme de ese comienzo dentro de tu biografía musical, Agustín?

AE : La música apareció en la etapa de la escuela primaria, cuando tenía 10 años. La señorita de música tocaba el piano con pasión: recuerdo que cada vez que ella abría la tapa sentía una atracción especial en ese momento. Me decía a mí mismo "yo puedo hacer eso también". Jamás había hecho música, no sabía tocar instrumentos,nada de nada. Un 6 de enero, día de Reyes, me contaba mi viejo que no sabía que regalarme; daba vueltas por una feria en Tucumán y vio un robot grande con muchas luces. Estaba por comprarlo pero siguió caminando y vio un teclado de una octava donde las pilas salían más caras que el teclado. Y me lo compró.  Y así fueron los comienzos tocando el feliz cumpleaños, el himno…Los vecinos venían  escucharme ( risas).

AP: Es muy interesante tu relato f…

Elena Irurzun / Fabián

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Entré al vivero y saludé a Verónica con un beso en la mejilla. Era cajera desde hacía apenas un par de semanas. Una morocha sonriente con unas tetas enormes que amenazaban con escaparse de su escote y que apoyaba en mi brazo o mi espalda cuando tenía oportunidad. La piba era linda. Hasta pensé en invitarla a salir. Pero no me gustaba mezclar en el trabajo. Si después ella quería algo más serio era para quilombo. Porque conmigo nunca era en serio.
A mi propio historial de fracasos amorosos se había sumado hacía poco el divorcio escandaloso de mi hermano. Denuncias cruzadas de violencia, algunos días de cárcel y un juicio en el que perdió todo. Tuvo que volver a la casa de los viejos y solo podía ver a los chicos fin de semana por medio. Claro que antes había insinuado venir a vivir conmigo pero mi departamento era muy chico, y mi gato suficiente compañía.

—Fabián –dijo mi jefe– hay que llevarle un pedido a Sebastián a la quinta nueva, la de los Orlando en parque Leloir ¿La ubicas?
—Sí cla…

Hólmfrídur Gardarsdóttir / Cosmópolis, retratos de Nueva York

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Los cuadros dibujados por Fabián Soberón, en su libro Cosmópolis: Retratos de Nueva York (2017), confirman la cita expuesta al comienzo del libro que dice: “En Nueva York… los locos, los estrafalarios se mezclan sin problemas con la gente normal”, ya que revelan “snap-shots” de una visita a la ciudad, quizás, más cosmopolita del globo hoy en día. Observaciones cotidianas intercaladas con contemplaciones filosóficas, descripciones de eventos cotidianos mezcladas con análisis teórico de un entorno llamativo, seductor y amenazante a la vez, hace que la lectura del texto de Soberón se vuelva comparable a la experiencia del viajero revelada en la penúltima página y dice: “[M]is hijos han cambiado […]. Ellos no saben, en el fondo, que están en una Babel infernal. No pueden entender el sentido final del viaje o de la vida. Pero han crecido, mansos, tiernos, insomnes. […] Ellos han cambiado. Ahora son otros. Y el mundo sigue en su carrera laboriosa.” (p. 100). Los relatos de viaje de Soberón…

Guillermo Fernández / Polonio espía detrás del cortinado

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Hice todo lo posible para callar el sonido que me pegaba en la cabeza. Prefería el dolor antes que los martillazos de aquello que nunca me había atrevido a pensar. ¿Cómo se detenía, Elena, aquello que ya había comenzado? Ya me hablaba a mí misma. Creo que era una de las formas de parar con mi cabeza. Hablar sola, contestarme para no aturdirme con las posibilidades. Polo nunca podría llegar a dispararme. El espanto era mi sombra. Mi propia voz me generaba intranquilidad. Es terrible esperar a solas con la conciencia. Fui al living solo para comprobar que podía estar cerca del teléfono cuando sonara. Quería ruido para tapar mi voz. Puse la radio. Cualquier FM servía para romper con el murmullo que salía de mi boca. La prendí. Intenté prestar atención a la música. A la canción la seguía la voz de la mina que tenía adentro. Me verás volar ella me repetía. No podía distinguir quién era quién. Ese me verás caer que replicaba cada vez más fuerte. Subí el volumen de la radio para que ella no …

Graciela Fiorillo / San Nicolás

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Hará más o menos seis meses, chateando con una compañera de colegio,Hanna, me dijo:
- A que no sabés una cosa.
-Decime.
- Mi hija Ingrid, la mayor, acaba de comprar tu casa, en Ciudad Jardín.
- ¡Qué increíble!, le escribí.
- Sí, recién tuvo a su bebé y se acaba de mudar en este fin de semana que pasó.
Por supuesto, mi mente afiebrada comenzó a pensar en poder ir a visitar la que había sido mi casa de la infancia y adolescencia, aunque las reservas aparecieron enseguida: ¿me angustiaría volver a ese sitio tan especial?
Luego de felicitarla por el reciente abuelazgo, le pregunté si le parecía posible que fuera a la ahora casa de su hija.
- Sí, cuando quieras, me dijo. Sólo hay que avisarle y vamos.
Y ahí quedaron las cosas, porque me arrepentí. Más bien me parecía que iba a ser medio triste para mí: tantos recuerdos…de una familia que ya no era más.
Sin embargo, la semana pasada, la llamé a Hanna, y arreglamos para ir juntas a lo de su hija, a mi casa.
Viajé en tren hasta la estación E…

Fabián O. Iriarte/ Brillantes en la lluvia

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La nube negra



Cuelga sobre mí. Quieta, anuncia no sé si tormenta
o lluvia, o es tan sólo una amenaza o advertencia.


"Las escarchas, el granizo y el tizón
de los granos se producen
 y por recíproca preponderancia y desorden
de las tendencias amorosas."


Exacta sobre mí, como si del hilo invisible
del que pende yo también dependiera. Ya pasará.




***


La decisión



Tengo que juntar más piedras, más y más
piedras. Redondas, rugosas, con filo, suaves,
no importa.


Que sean livianas o pesadas esas piedras,
del fondo del río, resbaladizas, brillantes en la lluvia.


Debo juntar más piedras para los bolsillos
de mi vestido. Después entraré, caminando despacio.


Hay una voz lejana
que parece buscarme, decir mi nombre,
mi nombre, mi nombre.


Pero tarda mucho en llegar.
Es que hay ruidos que se lo impiden: guerra.




***


La pequeña diferencia


La máquina traga las monedas. La ventana
traga la luz. El tragaluz traga la vista. La puerta
traga el aire de afuera.


Afuera, el aire traga la esperanza. El agua traga
la garganta. El gri…

Mónica Fracchia / Castadiva, 20 años

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Entrevista a  la bailarina y coreógrafa Mónica Fracchia

por Alejandra Pultrone


AP:Integraste la compañía  de danza contemporánea del Teatro San Martín desde su creación, me gustaría que me contaras sobre esos años fundacionales de la danza contemporánea argentina. 


MF:Sí, integré la compañía creada por Ana María Stekelman en 1977. Fue la primera experiencia de una compañía estable de danza contemporánea, anteriormente había estado brevemente la compañía de Oscar Araíz, pero no duró mucho tiempo, creo que 2 años (no sé bien cuál burócrata de turno la hizo desaparecer). Fue de una gran importancia para los bailarines contemporáneos, así como también para los coreógrafos. Los bailarines teníamos clases todos los días, sueldo y camarines, vacaciones pagas fue para los “elegidos” tocar el cielo con las manos, acceder a un trabajo real, todos proveníamos de los grupos  independientes que existían en ese momento y en cuanto a lo creativo poder trabajar con los mejores coreógrafos del momento t…

Soledad Rithner / El jardín infinito

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Veía poco a mis padres, trabajaban mucho para mantenernos. Yo los extrañaba, pero había aprendido a estar sola, a pesar de lo miedosa que era. Mi gran temor eran  las apariciones y los fantasmas. Esas cosas de las que tanto hablaba mi padre. Nunca ví nada así, pero igual sentía que  algo me acechaba. Tenía mucho miedo de que el diablo viniera a buscarme, tan mal me portaba yo…    Cuando sola en la noche en mi casa, miraba en la ventana que daba al jardín infinito que teníamos, sentía que Él venía desde esa oscuridad. No sabía si sería rojo o verde como en las reproducciones que miraba en los libros, o quizás una sombra larga y envolvente en una llama dolorosa, pero estaba segura de que vendría a llevarme.     A los 18 años pinté su retrato. Y ahí fue cuando todos se asustaron de mí ¿qué cosas tenía en la cabeza? Ya no era la nena miedosa de antes, ahora era la que pintaba al diablo una y otra vez. Hasta mi padre, que escribía sin parar de estas cosas, se asustó de mí. Pensaron no sólo q…