Alicia Gallegos /Simulacros





                                                                            



 En enero de 1996 viajé a París
 Unos días antes de salir recibí una carta. La persona a la que iba a encontrar me decía que había conocido a alguien en la Polinesia y que se estaba yendo, así que apenas nos cruzaríamos un par de días.            
 Con la carta (que me llegó en mano a través de un familiar) me enviaba  un dije de oro, un delfín , el dije del fin.
 Podía haber suspendido el viaje, pero no lo hice.
 Me embarqué en un recorrido de ésos que arma uno mismo. 

Algunas cosas tenía previstas como ir a visitar a un amigo poeta al sur de Francia y a una pintora a Burdeos, llegar hasta el santuario de Lourdes (sin más motivo que las  ganas de estar allí) y en París  a conocer algunos líderes de los movimientos LGTB .
Estuve en un par de hoteles donde a pesar de mi escaso manejo del idioma me atendieron muy bien. 
 La mayor parte del tiempo me dediqué a recorrer París por mi cuenta, viajando en el Metro pasaba todo el día de un lado a otro de la ciudad.
 Saqué muchas fotos. Algunas de ellas de lugares que no sabía cómo se llamaban. A veces andaba por ahí y de pronto encontraba algún parque espectacular, lugares de película.
Una de las fotos que siempre me intrigó fue ésta:





Écoute est une œuvre de l'artiste français Henri de Miller située à Paris, en France. Il s'agit d'une sculpture en grès conçue en 1986 et place René-Cassin, dans le jardin des Halles, près de l'église Saint-Eustache.



 Hace unos días me propuse averiguar cómo se llamaba la escultura, quién era el escultor, esas cosas.
Entré al buscador de Google y puse " escultura cabeza gigante en París ", lo típico que uno pone cuando busca algo sin demasiados datos, y la encontré.
Se trata de una escultura de Henri de Miller cuyo nombre es « L’Écoute » "Escucha".
Realizada en 1986 a partir de arenisca de Borgoña, la obra pesa casi setenta toneladas. Instalada en una plaza en forma de caracola, al pie de la iglesia de Saint Eustach, esta escultura está al alcance de la gente y forma parte de la vida del lugar.

Dicen que los niños se acurrucan entre la palma de la mano y la barbilla, o incluso escalan hasta el dedo gordo.              
Dicen que los jóvenes normalmente se quedan de pie detrás de los dedos e imitan el gesto de la estatua tapándose la boca con la mano derecha. Dicen que  los más mayores simplemente sonríen viendo que sus hijos han convertido una pétrea escultura en un agradable columpio.

Me veo en la fotografía. 
En ese momento yo no sabía de que se trataba. Así que solamente me recliné contra la escultura, sin pensar en ángulos, luces o poses.
Dicen los que saben que la gente pasa por allí a contarle sus secretos, a hablar con El Oyente.

Me veo de espaldas a la boca del oyente y también de alguna forma en posición de escucha.
De pronto nos convertimos en dos oyentes. Mudos.

Como si fuese la representación de una sesión de terapia psicoanalítica, de esas que algunos hemos pasado, en que el psicoanalista no habla y el paciente tampoco. Se escucha el tic tac del reloj, el ruido de los autos, uno tose, el otro traga saliva.
Como si fuese sacerdote y feligrés, sentados en los bancos de una iglesia vacía, mudos  porque ambos son parte del pecado.
Como si fuese la representación de un momento entre  amigos, en una plaza o en un jardín o tirados en un sofá o en una cama grande, sin hablar.
Como una pareja de amantes, vistiéndose en la semi penumbra después de hacer el amor, en silencio porque ninguno dice lo que quisiera decir.
Como si fuese la representación de esos momentos de encuentro entre padres e hijos, tal vez un viaje en auto o sentados cerca de  una fogata en  noches de campamento.
Como médico y paciente en el momento de un diagnóstico final.

Como si fuese la representación de ese instante en que madre e hija están a punto de hacerse alguna confesión que podría acercarlas o cambiarles la vida y sin embargo callan.

Yo te escucho, tú me escuchas.
Nadie habla.

No necesariamente el momento tiene que transitar lo dramático.
El silencio  puede ser también atravesado por emociones que nos elevan, nos trasladan a otras dimensiones. Y sin embargo es  evitado por el ser humano.

Es cosa animal, la actitud de escucha.
El perro o el gato tirados plácidamente en un sofá, tal vez estén con los ojos entrecerrados, pero siempre están "a la escucha ".                    
 Atentos detectan cualquier modificación en tus movimientos, aún cuando estén enfocados hacia otro lado o con una puerta o pared de por medio.
El gato te escucha pero no se "engancha " mucho en lo que te pasa, podés llorar o cantar, al gato le da lo mismo. El perro reaccionará inmediatamente porque además de oírte y de escucharte , te conoce, te reconoce, "te registra" .

 Aunque decimos que los animales nos imitan o "se humanizan", tal vez al ubicarnos en un lugar más alto, en una escala superior nos estamos equivocando.
 Lo que ellos hacen a la perfección: estar en silencio y escuchar, nosotros no podemos ni siquiera copiarlo.
La mayoría de las veces muchísimas personas acuden, acudimos a sustancias químicas que nos ayudan a "colocarnos" en un estado de quietud corporal y de quietud de la mente. 
Otros lo logran con técnicas de meditación, algunos a través de experiencias y prácticas religiosas y en otros es una marca cultural, el "ser callado" de los pobladores originarios o rurales, que a su vez está mal visto por el habitante de la ciudad que desconfía del silencio.
Daría la impresión de que todo en la vida actual es escapar al silencio , rellenando ese espacio con cualquier cosa que puede ir desde la música clásica a escuchar programas de radio conducidos por chillones y vacíos discursos y hasta inclusive leer  porque mientras leo aunque estoy en silencio, no estoy escuchando al otro.







El oyente entonces ahueca la palma de su mano para oír el llamado de auxilio de la Tierra o al modo de los antiguos rastreadores estará tratando de escuchar el eco del pensamiento de la humanidad ?

Sin embargo al no lograr "la copia" de ese escuchar y ser escuchado, la copia sincera, auténtica, es decir: la semejanza,  pasamos a actuar dentro de la esfera de la preponderancia de la imagen, nos convertimos en  simulacro pasando a la existencia estética, luego de haber perdido la existencia moral.
Si jugamos con el "Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza"  sabiendo que el hombre al perder el Paraíso, perdió la semejanza con Dios, caemos en que ha quedado sólo Imagen.

 Puro simulacro.




place René-Cassin avec l'œuvre en partie visible sur la gauche. La Bourse de commerce de Paris est visible en arrière-plan.L'œuvre devant l'église Saint-Eustache.





ALICIA GALLEGOS

Nació en 1959, en Morón. Provincia de Buenos Aires. Argentina .
Poeta, escritora, gestora cultural,
editora jubilada , bloger.
Miembro fundador del movimiento literario Poetas Gays de Buenos Aires .
Textos traducidos al inglés , al francés, al brasileño .

Publicó:

IMAGEN .Edit P.O.E.M.A.S dirigida por Rafael Marín . Valladolid 1995. España

REUNION. Edit. A.G. Buenos Aires-París. 1995

POEMAS BREVES. A.G. Ediciones. Buenos Aires .2000


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