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Mostrando las entradas de septiembre, 2018

Soledad Rithner / El jardín infinito

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Veía poco a mis padres, trabajaban mucho para mantenernos. Yo los extrañaba, pero había aprendido a estar sola, a pesar de lo miedosa que era. Mi gran temor eran  las apariciones y los fantasmas. Esas cosas de las que tanto hablaba mi padre. Nunca ví nada así, pero igual sentía que  algo me acechaba. Tenía mucho miedo de que el diablo viniera a buscarme, tan mal me portaba yo…    Cuando sola en la noche en mi casa, miraba en la ventana que daba al jardín infinito que teníamos, sentía que Él venía desde esa oscuridad. No sabía si sería rojo o verde como en las reproducciones que miraba en los libros, o quizás una sombra larga y envolvente en una llama dolorosa, pero estaba segura de que vendría a llevarme.     A los 18 años pinté su retrato. Y ahí fue cuando todos se asustaron de mí ¿qué cosas tenía en la cabeza? Ya no era la nena miedosa de antes, ahora era la que pintaba al diablo una y otra vez. Hasta mi padre, que escribía sin parar de estas cosas, se asustó de mí. Pensaron no sólo q…

Uña de nácar / Máría Belén Corso

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Pétalo nocturno

Pétalo sincero que te hacés presente
en la hora infalible de mi desesperanza
y perfumado, vuelto hacia mí, 
destruís el dolor concebido en noches oscuras, 
Península
Isla de Sentimientos.

¿Quién pudiera pétalo
ser lo que vos?

El crepúsculo no abarca
la epopeya de tu existencia,
ni siquiera contempla el azúcar
de tu corola húmeda.

Pétalo mío:
nuestro tiempo no pasará jamás.


**

Begonias

Debería ser toda la sangre
los furgones esperanza.
Acangrejados robustos
se mueven frenéticos
alimentándose de rastrojos húmedos.
Y en la hora opaca, 
lucho.










Sal y agua

De muchas cosas, pero no de sed.
He venido tragando saliva desde los primeros
y hasta los gritos que aún no son.
Oraciones resquebrajadas sin nacer
sal y agua que se repiten una y otra, y otra vez.
Ahora entiendo los peces descamados, 
las serpientes desvertebradas.
La garganta  promulga muerte
anhelando perpetuar la finita vida.
La hipocresía hecha verso en una servilleta de papel,
manchada con  la sangre de todas.
Ya no espero a la esperanza, 
ya no siento.












Perla de inútil maravilla / María Rosa Maldonado

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abejitas



I


él caminó sobre las aguas
ellas danzan debajo

de la lluvia y no mojan  sus alas ni sus cestos de sustancia viviente

transmiten  el espíritu
conocen - por sabiduría milenaria -
el arte de la miel

 que puesta en vasos  al lado de sus tumbas
alimentó a los faraones en su tránsito hacia la gran mansión de osiris

y es por la boca que ellas traen el espíritu

tan descalzas como santa teresa  tan perdidas de sí
tan inmersas
en la despreocupada certidumbre del tao
a despecho de la razón que no comprende por qué
tanto trabajo por un mundo perdido


desviaciones aromáticas del curso de los días
trampa sutil del ojo sobre
el panal que llena toda su cavidad   - y todo el resto –



II


piedra de rosetta:
cumplir con los ritos prescriptos
para que las dos mitades del día se hagan una
superficie lisa e imperceptible:

el vuelo allí es la espiral de un mandato
misterioso y ajeno

lo que no se descubre – astucia de la flor –
se abandona a su propia codicia: multiplicarse
hasta el infinito

fatalidad d…

Elena Irurzun / Sujetos de prueba

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Trayectorias convergentes




I


Sentado en el piso, en el ambiente húmedo y cálido de su departamento, alimentaba a la culebra verde. Había pasado el día limpiando las peceras y terrarios que cubrían cada centímetro de las paredes de la habitación. El trabajo rutinario y la compañía silenciosa de los reptiles siempre lograban sacarle el mal humor. Cuando dejó veterinaria se metió en la tecnicatura de bioterio tratando de aprovechar las materias que tenía aprobadas. Ahora dudaba que hubiera sido una buena elección. Otra vez estaba sin trabajo. Después de una nueva discusión con su jefe sobre el uso de animales para experimentación, finalmente lo habían despedido. Era la tercera vez.
Había estado las últimas semanas enviando curriculum. Se levantó y dejó a la culebra en su terrario. Encendió la computadora para revisar el correo. Un laboratorio nuevo le daba una entrevista. Investigó un poco al director. Héctor Fernández, su viejo profesor de biología. La puta madre. Pensó un momento antes d…

Ana Claudia Díaz/ Lectura y diálogo

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la costa en los días de fiesta por la mañana

poblada de sombrillas para no insolarse



conversábamos acostados boca arriba

sobre una esterilla, y al abrir los ojos

el monte parecía que rozaba el cielo

que los árboles lo habían alcanzado al final



y los pétalos de la soledad, íntegros

como un racimo de mar se derramaban

color ámbar sobre la arena













las ráfagas del viento que se rinde

ante la insistencia de la memoria

el paraíso que flota intacto, ahí

la manifestación entrelazada bajo las hojas

sus brotes verdes y rubí

el pensamiento interpretado que da la flor

la escarcha color nácar en los meses de invierno

el romance entre canciones gitanas

el mustio y gélido cielo gris

que corona los instantes

el sabio y noble arar del mundo

que avala la sencillez

y la vuelve una elegía eterna

inseparable de nuestro yo

como una semilla que crece

sólo dentro de la imaginación




































entre el tiempo en que la inocencia


flotaba casi sin pasar
hicimos un barrilete de colores
y después de remendarlo varias veces, remo…