Franco Hoffman/ La pena tambaleante




Trainspotting nos inspiró a convertirnos en junkies




No teníamos qué hacer,
no teníamos adónde ir;
hasta que ella dijo:
“conozco un lugar cerca del purgatorio”.

Aguardaba la metáfora inquieta,
se desvanecía el alma;
no solo aquel sábado:
siempre que estuviéramos en la esquina correcta.

Veíamos a Dios entre las tinieblas,
caminaba lentamente hacia nosotros;
cuando ella dijo:
“digna vida la del criminal”.


Y los segundos se convirtieron en millas
hasta el fin de la carretera.


Entonces reanudamos la reclusión;
guardó la gema en una caja de cigarrillos,
besó mis labios, y dijo:
“los chavales ricos venimos a morir”.

Y sacó una escopeta de su corpiño;
me mató a mí, y luego se mató ella,
y cuando nos encontramos en el purgatorio,
tomó mi mano,
y nos tiramos de picada al infierno.




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¿Dónde está HoffmanHouse?




Todos los días reencarnaba en alguien nuevo:
los libertinos que se morían en un colchón
las putas que se bailaban un rock ‘n’ roll
los aguafiestas que se chupaban un cartón
todos lloraban todos reían
que eran tan adictos decían
(que eran adictivos)

¡Diablos de chimenea, nacidos para besarse entre mi bardo!
¡Ymírenme ahora,tirando sus envolturas de forros,
desplomándome sobre botellas de birra,
que más nunca me serán!

Las noches y los días que no existieron,
solo la realidad del cuarto iluminado,
el gato yendo y viniendo,
¡esas primaveras tristes!

El ímpetu, el quiebre,
el goce, el rescate,
las pastillas, la jarra, los pibes chorros

Las inscripciones, ¡Los muros!
blasfemos, sectarios,
me hacían dibujitos en la piel

El sexo negro,
los amantes demolidos;
las apariciones de la Bestia,
y Ella, fascinada, dormía a sus espaldas

Pero ante todo,
la pena tambaleante,
que fumaba y fumaba,
que se masturbaba,
mirando el techo.




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Libertino necrófilo




Acá los demonios no se desnudan
Aplastan colillas
atragantan pastillas
arañan a su vértigo

No hay más pedal
No hay nada más que una muñequita
que tiene gillettes para engañar

Y el reloj
siempre corriendo


Acá, viste cómo es,
un telo suicida
Entran putas, rubias, católicas
y nunca pasa nada

No hay loca que pida permiso
Y la ramera que dice:
“tu nueva droga”

Y yo
estirando la mano





Franco Hoffman nació en Buenos Aires, en 1997.
Es músico y melómano. Escribe poesía.






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