Mónica Tempesti / El mazo de cartas





EL MAZO DE CARTAS




I

El lunes fui a desayunar a un bar recientemente inaugurado. Quería estar tranquilo y cómodo leyendo el diario deportivo. Pedí un café con leche y medialunas. Una voz me interrumpió:
-Es increíble , ¿no?
Levanté la vista.
-¿Qué?
-Soy hincha del club y no puedo creer que compraran a ese jugador.
-Sí, dije.
Se sentó en la mesa de al lado. Me miraba sonriendo, sería de mi edad. Estaba medio despeinado. Pidió un café. Estaba con un libro de Lemaitre.
-Esa novela es muy buena,me animé a decirle.
-¿Sí?,me la recomendó un amigo.
Lo invité a sentarse a mi mesa.

Ni bien lo hizo me miró directo a los ojos, él los tenía negros. Profundamente negros.
Conversamos bastante,acerca de nuestros gustos, algo de política.Miré el reloj.
-Uy es tardísimo. Tengo que ir a Tribunales.
-¿Querés que nos veamos para cenar? ¿Alguna noche?
Dudé pero le dije que sí.
Nos dimos los números de los celulares, salimos a la calle,me dio un beso en la mejilla y se fue.
Quedé trabado en la vereda. Unos segundos después empecé a caminar. Me sentía bien, con energía. Cuando fui al estudio, entré sonriente.
-Llegás tarde, dijo papá sin mirarme. Te dejé un expediente,lo quiero listo hoy.
Fui a mi escritorio,el cincuenta por ciento de mi energía se había evaporado.




II


Pablo me llamó a las nueve de la noche.
-Hola Marcos, ¿vamos a cenar? Conozco un bodegón muy bueno. Tengo mucha hambre.
Estaba exhausto pero le dije que sí.
-Dame tu dirección, te paso a buscar.
-No,  le dije. Decime dónde es y nos encontramos allá. 
Yo vivía en el mismo edificio de mis padres.
Fui al bodegón, en Barracas. La zona no me gustaba mucho. Pablo estaba en la puerta, vestido de negro. Le dije al taxista que diera una vuelta más. El me miraba por el espejo y dijo:
-No es asunto mío, pero se come excelente allí.
Finalmente me bajé del taxi y me dirigí hacia él.
-Hola, Pablo.
-Ey,Marcos.Me dio un beso.¿Estás bien?
Sonrió y entramos. Me sentía un poco incómodo,pero con la conversación, la comida y el vino me relajé.
Hablamos muchísimo, cada vez tomaba más y reía. Como cuando era chico y estaba en la calesita:echaba la cabeza para atrás, para marearme a propósito.
Pablo me agarró del brazo y me hizo un gesto para salir. Pagó y fuimos a la calle,ahí mismo me besó en la boca. Yo estaba excitado y en pedo.
Fuimos a su casa. Nos desnudamos rápido, yo lo hacía torpemente y riéndome de los nervios. Me atrajo hacia su cuerpo. Le dejé hacer. Sentí un placer intenso perdiendo la noción de todo, finalmente me quedé dormido.
Cuando me desperté con el sol directo a mis ojos, lo llamé y no me respondió. Me vestí y recorrí el departamento, era muy amplio, lleno de pinturas algunas colgadas, otras en el piso. Había pocos muebles, aún así era acogedor. 



III


 No lo oí entrar.
Desayunamos, sentí que me miraba.

Cuando me fui, en el celular, tenía varias llamadas perdidas de papá. Al llegar a casa, me di una ducha prolongada. Me vestí y bajé a lo de mis viejos.
-Podrías haber llamado,¿Dónde estabas?
No contesté. Enseguida vino mamá a saludarme.
-¿Todo bien, hijo?
-Sí.
-Vamos, es tarde, dijo él.
Fuimos a su estudio, papá era un abogado prestigioso. Yo odiaba la profesión, me hubiera gustado ser arquitecto. Estaba enredado en esos pensamientos, cuando me preguntó:
-¿Dónde estuviste anoche? Con una mujer, supongo.
-Sí.
-Esta noche tenemos una cena.
-¿Por?
-Negocios.
Puteé en silencio. Pero no podía decirle que no. Nunca pude.



IV


Estaba desganado. Bajé a buscar a mis padres,pero mamá estaba descompuesta y no iba a venir.No me lo creí. Estaría cansada de acompañarla y verlo seducir mujeres delante de su cara. Aún recuerdo las discusiones que tenían y el llanto de ella. Le di un beso.
Ya en el auto, con papá no nos dirigimos la palabra. Íbamos rumbo a Puerto Madero. Llegamos y me dijo:
-Cambiá esa cara de culo, por favor.
No le contesté.
Nos estaba esperando el empresario, con su esposa y el hijo.Era un contador cancherito, la madre estaba vestida como una pendeja y sonreía a diestra y siniestra y el empresario era un calco de papá. Me vinieron naúseas.
Comíamos y papá se deshacía en halagos mientras miraba de reojo a la esposa. El flaco y yo empezamos hablando nimiedades y terminamos en el fútbol. Lamentablemente para ambos éramos de los clubes rivales. El se despachó con sus aires de superioridad insoportable y me lo banqué hasta que estallé enumerándole las copas que habíamos ganado. Papá me frenó en seco.
-Disfrutemos la cena, Marcos.
El empresario tenía un conflicto con su personal, era dueño de una fábrica muy importante. Pero fue lo único que escuché. Pensaba en Pablo.
Mientras tomábamos unas copas, se  acercó la mujer y alabó el color de mis ojos. La dejé hablando sola y  fui al baño. Llamé a Pablo, le pedí por favor que me rescatara de allí.
Volví contento. Papá festejaba con su nuevo cliente. Brindé también, más por la llegada de Pablo, que por lo demás. Me importaba un bledo.
Salí a esperarlo.Vino, subí al auto y nos besamos.
Mientras manejaba nos tocábamos. Llegamos y al toque  nos quitamos la ropa y lo penetré sin preámbulos, me gustaba hacerlo así, fuerte. Pablo me hablaba pero no lo escuchaba entonces me empujó  y quedé de espaldas a él, así él me penetró sin mi brusquedad, a un ritmo profundo.
Nos quedamos dormidos. Me desperté, sobresaltado. Pablo se vistió y bostezando me dijo:
-No entiendo por qué estás tan apurado para ir a un trabajo que odiás.



V


Lo besé y me fui. En el taxi pensaba en cuánto tiempo más soportaría a mi viejo y al laburo.
Ni bien bajé ahí estaba. Su mirada era desafiante pero yo eludía la confrontación.
En el auto vino el sermón, dijo que mi comportamiento en la cena había sido el de un pendejo irresponsable, que estaba pensando seriamente en tomar un profesional con ganas de trabajar y un sinfín de boludeces más.
Cuando llegamos cada uno fue a su escritorio. Tenía una pila de expedientes y un desgano enorme.Llamé a mamá pero no pude decirle nada.
Trabajé un poco y ví que papá salía. Quedaba la secretaria, así que al rato salí yo también diciéndole que iba a hacer unos trámites. Apagué el celular.
Tenía ganas de disfrutar el día yendo a algún lugar que me gustara así que fui al Palacio Barolo y me enganché en una visita guiada. Me sentía feliz allí. Cuando terminó  fui a casa y dormí un rato. Tenía el celular llenó de llamadas y mensajes de mi viejo. Ni los escuché y me fui a lo de Pablo. Ya eran como las diez de la noche cuando llegué y me presentó algunos amigos, la mayoría eran artistas plásticos. Comimos,charlamos , escuchamos música y tomamos bastante vino.
La mayoría de las veces salíamos solos,íbamos al cine y despúes cenábamos en esos lugares bohemios que tanto le gustaban a Pablo. Luego teníamos esos momentos de sexo que nos dejaban exhaustos.
En las reuniones, Pablo era el centro de atención con su histrionismo y sentido del humor.Era fascinante verlo en acción.
Una noche en su casa, estábamos cenando con sus amigos, borrachos, como solíamos estar siempre. Noté que Pablo no estaba. Me tiré en el sofá.La cabeza me daba vueltas. Pensaba en otras ocasiones que había desaparecido de escena, y siempre volvía vivaz y pegándose a mi cuerpo; también sabía que en algún momento se iría a París.¿Cuánto tiempo hace que salgo con él? ¿ Casi cuatro meses?
No podía precisarlo.Pablo era tan impredecible pero aún estando yo borracho tenía claro que no faltaba mucho para que él se fuera.
Y yo, debía enfrentarme a mi viejo e irme a la mierda, hacer lo que realmente me gustaba. Pero, ¿cómo?, todavía no tenía la respuesta pero debía hacerlo rápidamente.Luego sentí que Pablo se acostaba a mi lado y me dormí.
Sonó la alarma de mi reloj, la apagué y seguí durmiendo, en ese instante decidí que no iba a ir a trabajar.


VI


Me despertó Pablo, a eso de las once de la mañana. Nos duchamos juntos, desayunamos y me dijo que tenía que irse al atelier. Quiso que me quedara pero yo quería hablar con mamá. Decirle todo.
La llevé a comer a un restaurante italiano y mamá disparó:
-¿Porqué no fuiste a trabajar,Marcos?
-No es obvio, acaso.
Quedamos en silencio unos segundos.
-¿Porqué no renunciás? Podés ir a vivir a la casa del tío, siempre está aburrido, solo. Y decidís que hacer.
Estaba haciendo fácil todo. Quería hablarle de Pablo.
Me miró y comprendí que no había nada que decir.



VI


A la mañana estaba nervioso, iba a enfrentar a mi viejo. Llegué temprano al estudio y ordené algunas cosas. Entró.
-Bueno, apareciste.
-Me voy.
-Sos un pelotudo, toda una carrera por delante.
-No me interesa, dije.
-¿ Sabés qué Marcos? Sos un maricón, un puto de mierda.
Ahí mismo le pegué una trompada , quedó en el piso sangrando.
Me estaba yendo y seguía gritándome.
Una sensación rara me recorrió el cuerpo.





VII



Llamé a Pablo y le conté todo. Estaba contento por mí. Quería celebrar por la noche pero le dije que tenía que mudarme rápido a lo de mi tío.
La hice en  tiempo récord, llegué a la casa y me recibió feliz. Era bastante grande, bien amueblada, llena de luz,siempre me había gustado. Mi habitación tenía un ventanal que daba a un pequeño pero hermoso jardín.
El tío tenía muy buen carácter y era muy prudente. Se había casado pero su matrimonio duró unos pocos meses. Mamá decía que después no se le conocieron más mujeres ya que había quedado, según ella, traumatizado.
A medida que pasaba el tiempo se ganó mi confianza.
Salí con Pablo varias veces, disfrutábamos mucho, me sentía muy feliz y relajado.
Con el tío paseábamos bastante y descubrí que teníamos mucho en común. Sobretodo cenar con buenos vinos, aunque él prefería el whisky. Fuimos a la cancha un par de veces,pero lo que más nos gustaba era visitar museos y caminar mucho.
 Con Pablo ya no nos veíamos tan seguido yo lo llamaba casi todos los días, él me contestaba algunas veces. Pasó como un mes sin noticias de él.
Un día con el tío jugábamos a las cartas. En el medio de la partida, dijo:
-Bueno, Marcos, es hora que decidas qué hacer con tu confortable vida.
Sabía que en algún momento me tenía que enfrentar a ello.
-No sé cómo empezar.
El tío ,desparramado en el sillón, se acomodó sentándose en el borde. Me miraba fijamente.
Tomó las cartas sobre la mesa y me las dio en un mazo prolijo. 











Mónica Tempesti nació en Buenos Aires, en 1964.

Realizó sus primeros estudios en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, en el porteño barrio de Flores.
Es graduada en Psicología.
Escribe cuentos y poemas.
Participa activamente, desde sus inicios, del Taller literario Coleccionistas de Palabras.
Actualmente es colaboradora permanente  de la revista digital de arte y literatura, El Esfuerzo Conjugado.









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