Ana Claudia Díaz / Huella en el mapamundi







a veces pensamos en las viejas dolencias
como si fueran las garras tiernas de un conejo
sobre un paño de terciopelo que se quiebra
y cae sobre el vértigo

esa idea repitiéndose en la deriva, se balancea
y en cada uno de sus vaivenes
alumbra al mundo en fragmentos
que se vuelven voraces entre el viento
y encendidos, ruedan
apagando los colmillos de la voz



***



ir
a donde la corteza es rara
como un rulo de mar, un espiral
una combinación métrica entre los dos
una ola

rolar, rolar
dar vueltas en círculo
subir a tu auto
huir




***



el chico que hace windsurf
y se desliza con su tabla color verde por el vértigo
llega más lejos o quizás descubre la pendiente rosada ideal
para arribar a la aldea de caracoles brillantes
como un campo de plata donde descansar
a media tarde entre los brotes de flores rojas

hay diferentes formas de llegar hasta el paisaje
de piedras llenas de musgos
que no nos dejan caer al revés de los médanos

la idea de anochecer en un lugar desconocido
como un espacio de tierra que no nos pertenece
pero que igual parece una casa




***



y nos encapuchamos hasta llegar a esa velocidad
para fundirnos en el aire del resto del día
un campo de tierra abierta que desemboca
en la costa plana
el viento que nos arrasa el gesto
pescar lo extremo de nosotros
en la poca profundidad
de las dunas inundables
de las costeras depresiones de la intemperie
hasta darnos cuenta de que no hace falta
irse lejos para hallar una atalaya

miles de gaviotas en bandadas impares
a lo largo del cielo llano
raso, como de seda
como un escudo que nos envuelve
de lo que luego vendrá al irnos

una muralla de agua



***



cada pueblo siempre tiene
su propia huella en el mapamundi
un santo y seña en la conversación

ese arroyo casi de lana
las sanguijuelas en el pasto
la brisa que contagia olor a trigo
a malta, la pradera

las uvas rotas, mordidas por los perros
al costado del camino
se multiplican con el sol

paseos que entre el polvo de la tierra
son el incendio de la tarde

el dibujo de ellos mismos en las sombras
y después, las chanchos elegantes entre las margaritas
formando un horizonte infinito, rosa, un ocaso



***



la imagen infinita, exagerada
de algo que miramos mucho tiempo
para desarticular lo otro dentro nuestro

las cosas que contamos para vaciar
para ocupar la mente
los granitos que tiene una cerámica
los azulejos, las rayas en una mesa
los huecos en el techo, las lagunas

los días dentro de la lluvia
como explorando la posibilidad
de que algo suceda desde ahí
reconociendo el viento
su diligencia que flamea en la ventana

cómo son los lugares en la oscuridad
cuando no hay luz y los ruidos se escuchan más

de pronto, una vela alumbra el recorrido
para ver cómo nos está quedando la vida
y la amenaza es que se apague la llama
que se corte la lluvia y sepamos lo que era
ese titilar de sombras en la cocina

el miedo a que se acabe la intimidad, lo frágil
y tener de vuelta que salir a jugar


#El hemisferio del lado en que quedamos
#Editorial Baltasara, Rosario, 2018



Ana Claudia Díaz


 (Santa Teresita, 1983). Publicó Limbo (Pájarosló Editora, 2010 - La One Hit Wonder Cartonera, 2012), Conspiración de perlas que trasmigran (Zindo & Gafuri, 2013) Una cartografía de la insolación (Club Hem, 2015) y El hemisferio del lado en que quedamos (Baltasara, 2018); las plaquetas de poesía Vuelto Vudú (Pájarosló, 2009), La ecología de las poblaciones (Pájarosló, 2010) y Al antojo de las anémonas (Color Pastel, 2011). Textos suyos se encuentran en diversas antologíás, fanzines y revistas literarias. Colaboró con reseñas para sitios como Plebella, Op. Cit., No-Retornable, Transtierros y Jámpster, entre otros. Coordina talleres de poesía y clínicas de obra.













Comentarios

  1. En el mapamundi y en el esfuerzo conjugado, Ana, has dejado una huella de esas que uno valora.

    R.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Rolando !! Que alegría tu mensaje. Abrazo !

      Eliminar

Publicar un comentario